Jonathan Wolstenholm, Pintor surrealista británico.


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“Reconocerás a un genio por que todos los necios se conjuran contra él” .

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Autor Tema: Cesare Borgia, la imagen renovada de Jesús el Cristo.  (Leído 8195 veces)

Desconectado Jorge Drake

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Cesare Borgia, la imagen renovada de Jesús el Cristo.
« en: Junio 20, 2011, 05:57:53 »


¿A quien veneran los cristianos cuando oran ante la “imagen” de Jesús el Cristo?

Se que una pintura no representa la realidad de un personaje como Jesús el Cristo, pero lo que les contaré, da cuenta de cómo el engaño parece ser algo frecuente en la historia del catolicismo.
 
Les compartiré una historia que pocos cristianos conocen, y quienes la conocen prefieren  ocultarla por incómoda. Y no es para menos, es uno de los engaños perpetrados en el seno de la fe de la religión Católica y continuada por cientos de sectas cristianas, que ha perdurado hasta nuestra época, sin que los cristianos de a pie tengan la más remota idea. Creo que ha sido más por ignorancia histórica que por otra cosa. Aunque no puedo decir lo mismo del Vaticano, que se conocen muy bien este asunto. Nadie dentro de la Iglesia se las contará. Pero vayamos de una vez a lo importante:

La imagen moderna de Jesús el Cristo, diseminada y venerada desde la época renacentista, a partir de las creaciones de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, y emulada o usada como modelo por otros tantos pintores, es ni más ni menos que el careto de Cesare Borgia. Pero hagamos un poco de historia.

César Borgia de nombre original César Borja, italianizó su apellido — en italiano, Cesare Borgia. (Retrato de Cesare Borgia realizado por Altobello Melone).

Durante el renacimiento fue gracias al nepotismo de su padre el Papa Alejandro VI, duque, príncipe, conde, condottiero, gonfaloniere, obispo de Pamplona (con 16 años), arzobispo de Valencia (con 19 años), capitán general del ejército del Vaticano y cardenal (con casi 20 años de edad). Investido además como Duque en Francia (a los 23 años de edad). Este hispano-italiano, perteneciente a la familia de los Borgia, había nacido en Roma el 13 de septiembre de 1475, y fue muerto en batalla en Viana, Navarra, el 12 de marzo de 1507, a los 31 años de edad.”
“César Borgia se ha inmortalizado como el prototipo del individuo cruel y ambicioso que no abrigaba ningún sentimiento generoso y para satisfacer sus odios cometió muchos asesinatos e intrigas. En realidad no fue una excepción, pues semejante conducta siguieron la mayoría de los príncipes italianos del siglo XV. Nicolás Maquiavelo, que le admiró y conoció en vida, tomó como modelo la figura de César Borgia para escribir su gran obra, El Príncipe.”
Cesare Borgia entre el año 1502 y 1503, empleó a Leonardo da Vinci como arquitecto militar e ingeniero. El y Leonardo se hicieron amantes íntimos instantáneamente. Para expresar su amor hacia Cesare, Leonardo hizo muchas pinturas de él. El padre de Cesare, Rodrigo Borgia, quién después se convertiría en el Papa Alexander VI bajo la autoridad de la Elite de la Iglesia Católica, hizo que la imagen de su hijo fuera presentada como Jesús el Cristo en el mundo occidental. La idea de mostrar a un Jesús “europeizado” y blanco, le pareció una idea que contribuiría a la “causa” para ser mejor aceptado. Ya que las imágenes previas al renacimiento pintaban a un Jesús bastante “feo” (según él), de acuerdo a su origen, tono oscuro y fenotipo hebreo.

La historia de los Borgia es una historia bastante truculenta y escandalosa, llena de intrigas políticas, asesinatos (Cesaré mató a su hermano Giovanni en 1497), Incestos, (tanto el padre Rodrigo (Papa Alexander VI) mantenía relaciones sexuales con su hija Lucrezia, y también Cesare con su hermana Lucrezia, Es muy polémica la vida de estos tres personajes, porque hay quienes piensan que se han exagerado mucho las perversiones de este trío, así como otros piensan que se quedan cortas.

No abundaré ya en más detalles, que tal vez ya se conozcan la historia sobre ellos. El caso es que de santos no tenían nada (hay que ver que este papa después fue “canonizado” por la Iglesia). Lo que la mayoría de la gente no sabe es que hubo una competición en esa época del renacimiento, entre Leonardo da Vinci y Miguel Ángel. La competición se trataba de ver quien podría impresionar más al Rey Rodrigo, haciendo una imagen del hijo del rey, que pudiera engañar al mundo haciéndolo pasar por Jesús el Cristo. El Ganador de la competición fue Leonardo da Vinci.
Así, la imagen de Cesare Borgia se convirtió en el “amado Jesús actual” que todos conocemos, ya con rasgos europeos, que en general son similares a todas las imágenes que circulan actualmente, con pequeñas variantes. Algunas a partir de la serie para tv de Franco Zeffirelli sobre la vida de cristo, agregan al modelo de Jesús de Cesare Borgia, los ojos en color azul o verde.

¿Afecta esto la fe en Jesucristo?

Claro que no. Pero no deja de ser irónico que la imagen y la idea romántica e idealizada del nazareno, se haya generado basada en un personaje polémico y siniestro.


Cesare Borgia.
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Re:Cesare Borgia, la imagen renovada de Jesús el Cristo.
« Respuesta #1 en: Junio 21, 2011, 01:38:58 »
Bueno, de nuevo los disparates humanos en esta historia.
Pero en realidad no tiene importancia en cuanto a la fe. Las imagenes de Cristo, y hay por cientos, son simples formas de expresar artisticamente alguna cosa. En la Edad Media lo europeizaron, la tendencia actual es a mostrar imagenes que transmitan actitudes positivas: amor, alegria, etc. Pero he visto desde las que presentan a un Jesus reflexionando, con la cara entre las manos, hasta las que lo muestran sonriente con gesto picaro.
En lo que me es particular, solo me interesan cuando me recuerdan algun aspecto de personalidad digno de destacar.
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Re:Cesare Borgia, la imagen renovada de Jesús el Cristo.
« Respuesta #2 en: Junio 21, 2011, 02:47:55 »
Y no es disparate a dios rogando y con el mazo dando?
El que sea creyente que lo demuestre. Y cumpla todo lo que manda dios y la santa madre iglesia.

Yo como no lo soy, no soy digna de dios y mucho menos de hacerle la pelota.
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Re:Cesare Borgia, la imagen renovada de Jesús el Cristo.
« Respuesta #3 en: Junio 22, 2011, 05:03:01 »
Si es interesante, y no deja de tener su tinte de escándalo. Pero obviamente de Jesúcristo no se tienen imágenes, ni siquiera descripciones mínimas, por lo menos en lo que concierne al aspecto físico (hablo de los evangelios); pero sí se revelan sus sentimientos, convicciones y manera de pensar a través de sus acciones. Ahora otra cosa es si aparece descrito o refenciado fuera de los escritos testamentarios. Tengo entendido que existen algunas referencias sobre su persona en algunos historiadores de los primeros siglos. ¿Y qué opinión les merece la figura de Jesús, sus acciones, su enseñanza?
Leo muchos libros porque la televisión y la red son demasiado aburridas. De esa manera, sí que puedes saborear todas las emociones. Uno conoce realmente de la vida leyendo buenas descripciones, pues vemos cosas, que estando frente a ellas, nos pasarían desapercibidas.

Desconectado Jorge Drake

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Re:Cesare Borgia, la imagen renovada de Jesús el Cristo.
« Respuesta #4 en: Junio 22, 2011, 05:40:21 »
No, No hay ninguna referencia histórica válida para jesucristo. Hay varias que se le atribuyen a Tácito, Plinio y Suetonio  pero hablan vagamente y solo se refieren a un "cristo" que no es un nombre sino un mote que se les daba a todos los predicadores callejeros que eran personajes muy comunes en aquella época. Además presentan interpolaciones y manipulaciones.

La unica que podría emplearse es la de Flavio Josefo escrita 500 años después de la muerte de jesucristo, y donde se abunda un poco más, pero ya esta demostrado que es un palimsesto fraudulento.

Encontré este texto muy interesante al respecto que les pongo a continuación.
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La inexistencia histórica de Jesucristo pone en guardia a la Iglesia contra el análisis y la investigación científica de los Evangelios

Recientemente, el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, ha señalado, literalmente, que los Evangelios no pueden ser estudiados por personas y profesionales ajenos a Iglesia ya que, según sus palabras, "Sólo a la Iglesia confió Jesús su Evangelio”.

Hay que considerar estas declaraciones de Blázquez como algo más que un comentario marginal de respuesta a fenómenos culturales como “El Código da Vinci” o “El evangelio de Judas”, ya que el pasado mes de marzo la propia Conferencia Episcopal Española publicó una Instrucción Pastoral en la que, bajo el título de “Teología y secularización en España. A los cuarenta años de la clausura del Concilio Vaticano II”, se afirma, sin sonrojo y con el tono afectado y pomposo que caracteriza a los escritos de la curia, lo siguiente: “En algunas ocasiones los textos bíblicos se estudian e interpretan como si se tratara de meros textos de la Antigüedad. Incluso se emplean métodos en los que se excluye sistemáticamente la posibilidad de la Revelación, del milagro o de la intervención de Dios. En lugar de integrar las aportaciones de la historia, de la filología y de otros instrumentos científicos con la fe y la Tradición de la Iglesia, frecuentemente se presenta como problemática la interpretación eclesial y se la considera ajena, cuando no opuesta, a la exégesis científica. El olvido de la inspiración y del canon de la Sagrada Escritura, como si se tratara de principios irrelevantes para la auténtica comprensión del texto sagrado, no deja de constituir una grave preocupación. El problema no radica en la utilización de los recursos de la filología o de todos los datos que la investigación nos ofrece, sino de aquellos presupuestos filosóficos e ideológicos de los métodos, que resultan incompatibles con la confesión de Cristo, centro de las Escrituras. Dichos métodos son muy útiles y necesarios dentro de su ámbito, pero no pueden tener, por su propia naturaleza, la última palabra en la comprensión de un texto bíblico cuyo elemento determinante es la inspiración. Sería algo semejante a querer comprender la persona e identidad de Cristo prescindiendo de su carácter divino, y, además, presentar tal comprensión como una conclusión científica. La consecuencia de una errónea exégesis es que la Escritura deja de ser el alma de la teología, y no puede fundamentar ni la catequesis, ni la liturgia, ni la predicación, ni la vida moral cristiana, ni la piedad de los fieles".

Con esta palabras, la Iglesia Católica vuelve a confundir la fe con la ciencia y vuelve a mezclar interesadamente, tal y como lo lleva haciendo desde hace veinte siglos, las creencias personales de los cristianos con la reflexión que cualquier ser humano puede hacer sobre cualquier aspecto de la cultura universal, dentro de la cual las religiones juegan un papel fundamental. La Iglesia Católica no es guardiana de los Evangelios, que son un producto literario y religioso de autoría hasta hoy desconocida, y, desde luego, mucho menos es depositaria única de una tradición cultural que nace mucho antes de que los primeros cristianos surgieran en Palestina hace 2.000 años. Al querer controlar férreamente cualquier interpretación científica de los Evangelios o de cualquier otro aspecto del cristianismo original lo que la Iglesia Católica desea es seguir manteniendo el poder para seguir configurando el mito según sus necesidades y para continuar influyendo en las conciencias más inocentes y menos reflexivas con mensajes que apelan a lo más irracional del ser humano, al credo, a las creencias o a la fe.

El cristianismo es, simplemente, una religión más de las muchas que hay en el mundo. Ciertamente, es una de las religiones mayoritarias en el planeta, junto el Islam, el judaísmo o el hinduismo, pero gran parte de sus libros sagrados, de sus mitos fundacionales y de sus acontecimientos de referencia provienen de una tradición cultural y religiosa común que se remonta en el tiempo varios milenios antes del presunto nacimiento de Jesucristo.
Desde un punto de vista racional, laico, secularizado y científico, los Evangelios son apenas un cúmulo de historias más o menos interesantes que, en el mejor de los casos, apenas tienen una tenue ligazón con la realidad histórica. Todo en el cristianismo está construido sobre la fe, sobre la creencia a ciegas o sobre la confianza en las interpretaciones dadas por quienes se han autonombrado portavoces de Dios en la Tierra. Ninguna de las principales referencias cristianas ha podido ser convalidada por las investigaciones históricas o arqueológicas. La misma figura de Jesucristo es, a la luz de la historia, poco más que un bello relato literario y esto es, sin lugar a dudas, lo que despierta auténtico pavor en las jerarquías eclesiásticas.

El profesor canadiense Earl Doherty lo ha expresado muy claramente: "Es necesario examinar el profundo silencio sobre el Jesús de Nazareth evangélico que encontramos a lo largo de casi cien años de la más primitiva correspondencia cristiana. Ni una sola vez Pablo, o cualquier otro escritor de epístolas del primer siglo, identifica su divino Cristo Jesús con el hombre histórico reciente conocido por los evangelios. Tampoco le atribuyen las enseñanzas éticas que adjudican después a dicho hombre. Virtualmente, todos los otros detalles del cuadro del Jesús de los evangelios desaparecen de forma similar. Si Jesús fue un 'reformador social' cuyas enseñanzas dieron comienzo al movimiento cristiano, según lo presentan los académicos liberales de hoy, ¿cómo pudo perderse dicho Jesús de todas las epístolas del Nuevo Testamento de forma tan absoluta, dejando lugar sólo a un Cristo cósmico?"

Otro elemento que cuestiona profundamente la existencia histórica de Jesucristo es la casi total ausencia de referencias al personaje que se produce entre los escritores y las fuentes no cristianas de la época. Salvo algunas brevísimas reseñas siempre indirectas halladas en la obra de algunos historiadores romanos (Flavio Josefo, Tácito, Suetonio), y que en su mayor parte se han revelado como fruto de interpolaciones y manipulaciones posteriores, el mutismo sobre Jesucristo es absoluto en la obra de los más reconocidos historiadores del momento como, entre otros, Séneca, Petronio, Plutarco o Epicteto.

Si queremos acercarnos de verdad a los orígenes del cristianismo, debemos profundizar sin miedo, y sin prejuicios, en revisar profundamente la figura histórica de Jesucristo. Actualmente, y a la luz del conocimiento científico, el cristianismo presenta todos los visos de ser una religión que, como tantas otras y como fruto muy concreto de una sociedad y de un momento histórico determinado, nació de una poderosa fuerza mítica que unió retazos del judaísmo anterior, de las tradiciones religiosas mesopotámicas, del mitraísmo (una religión nacida en lo que hoy es Irak muy popular en la Roma de aquellos tiempos), del gnosticismo, de los dioses paganos romanos e, incluso, de ritos espirituales que se habían instalado en el Imperio llegados desde Oriente. Por esto, al final, al analizar los orígenes del cristianismo tendríamos siempre que recordar las palabras que el historiador Robert W. Funk, fundador y copresidente del prestigioso Seminario de Jesús, escribía hace algunos años: "Como historiador, no sé con certeza si Jesús realmente existió, si él es algo más que una quimera de algunas imaginaciones hiperactivas... Desde mi punto de vista, no hay nada acerca de Jesús de Nazaret que podamos conocer más allá de cualquier posible duda. (...) Y el Jesús que los eruditos han aislado en los antiguos evangelios, evangelios que están hinchados de la voluntad de creer, puede llegar a ser sólo otra imagen que únicamente refleja nuestros más profundos anhelos".



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